En el judaísmo masortí, sí: las mujeres leen la Torá, dirigen el rezo, cuentan para el minián y son rabinas. Y lo importante es entender por qué, porque la respuesta no es «porque hay que modernizarse».
La respuesta es halájica. Rabinos como David Golinkin —que dirigió durante veinte años el comité de ley judía del movimiento masortí en Israel— escribieron responsa (dictámenes legales) detalladísimas demostrando que las fuentes mismas lo permiten: que la exclusión de las mujeres fue producto de contextos sociales que ya no existen, y que principios halájicos como kvod habriot (la dignidad de las personas) obligan a revisar esas prácticas. El propio Talmud registra que, en su época, las mujeres podían ser llamadas a leer la Torá.
Esto es lo que distingue al judaísmo masortí: no cambia las reglas porque sí, ni las congela porque sí. Usa el método de siempre —estudiar las fuentes, debatir, decidir— para responder las preguntas de hoy. Cuando alguien te diga que el judaísmo igualitario «no es serio», puedes responder con tranquilidad: hay mil páginas de argumentación halájica que dicen lo contrario. En este sitio iremos traduciendo las principales al español.
Mi posición personal la resumo así: una tradición que durante siglos escuchó solo la mitad de sus voces se estaba perdiendo la mitad de su Torá.
Para profundizar
- Artículo: «Bendito seas Dios que no me hiciste mujer»: una respuesta a la bendición más controversial
- Videos: «¿Puede una mujer decir Kadish de duelo?» y «Minián: ¿quién cuenta para D-s?» en Judaísmo Picante
- Las responsa de Golinkin sobre el estatus de la mujer (en Schechter) — traducción al español próximamente
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