BANCO DE RESPUESTAS · IDEOLOGÍA MASORTÍ
Respuesta directa: en el judaísmo masortí las personas LGBT+ son miembros plenos de la comunidad. Pueden casarse bajo la jupá, ser llamadas a la Torá, y ser rabinas y rabinos.
Respuesta directa: en el judaísmo masortí las personas LGBT+ son miembros plenos de la comunidad. Pueden casarse bajo la jupá, ser llamadas a la Torá, y ser rabinas y rabinos. Esto no es una declaración de marketing: es el resultado de un proceso halájico serio que vale la pena conocer, porque es uno de los mejores ejemplos de cómo trabaja el movimiento.
En 2006, el Comité de Ley y Estándares Judíos aprobó la teshuvá de los rabinos Elliot Dorff, Daniel Nevins y Avram Reisner: ‘Homosexualidad, dignidad humana y halajá’. Su argumento central usa un principio que está en el Talmud: kvod habriot, la dignidad de las personas, que tiene fuerza para desplazar prohibiciones rabínicas. La teshuvá concluyó que condenar a una persona gay a una vida entera sin amor ni compañía viola esa dignidad de manera intolerable, y normalizó plenamente las relaciones entre personas del mismo sexo. Sobre esa base, el seminario rabínico de Nueva York comenzó a ordenar rabinos y rabinas abiertamente gays, y en 2012 el movimiento aprobó ceremonias de matrimonio para parejas del mismo sexo. Más tarde llegaron también resoluciones de plena inclusión de las personas trans.
Quiero que notes el método, porque ahí está la diferencia con otras respuestas: el movimiento no dijo ‘la Torá no importa’ (eso sería abandonar la halajá) ni dijo ‘no hay nada que discutir’ (eso sería literalismo). Tomó el versículo en serio, tomó a las personas en serio, y usó las herramientas internas de la ley judía — como se hizo siempre — para llegar a una respuesta donde la dignidad humana no es un valor importado de afuera: es un principio halájico con pedigrí talmúdico.
¿Y el versículo de Levítico? Existe, y no lo vamos a esconder. Pero el literalismo selectivo es el truco más viejo del fundamentalismo: la misma Torá ordena lapidar al hijo rebelde, y los rabinos del Talmud legislaron hasta volverlo inaplicable, declarando que ‘nunca ocurrió ni ocurrirá’. La tradición rabínica jamás fue literalista: fue interpretativa, siempre. Quien te dice que ‘no se puede hacer nada’ con un versículo, te está describiendo su decisión, no su imposibilidad.
Como siempre en el mundo masortí, encontrarás matices entre comunidades — cada una tiene su ritmo y su estilo, como ha sido siempre. Pero la dirección del movimiento es clara y yo la comparto sin ambigüedad: si eres LGBT+ y buscas un judaísmo donde no tengas que elegir entre quién eres y lo que amas, esa casa existe. Bienvenido, bienvenida. La mesa está servida.