¿Cómo sufrir y enojarse menos?

BANCO DE RESPUESTAS · ESPIRITUALIDAD Y MUSAR

LA RESPUESTA CORTA

El Musar lo dice sin anestesia: casi todo tu sufrimiento nace de que tu mente cree que es Dios — decidió cómo debería ser todo, y la realidad no obedece. El antídoto tiene nombre: anavá, humildad.

Déjame empezar por recordarte algo que olvidas seguido: estás en una especie de nave espacial llamada planeta Tierra, orbitando en medio de un espacio infinito que se expande. Tu corazón empezó a latir antes de que pensaras nada. El misterio del universo simplemente te puso aquí — en este tiempo, en este lugar, y no en otro. El planeta lleva cuatro mil quinientos millones de años girando alrededor del sol; tú harás unos setenta, ochenta giros. Y lo mínimo que uno esperaría es que los estuvieras pasando bien. Pero la mayor parte del tiempo, no. ¿Por qué?

Te doy la respuesta del Musar sin anestesia: porque tu mente cree que es Dios. Tu mente decidió qué debería pasar y qué no, cómo deberían hablar los demás, cómo debería ser tu nariz, tu peso, tu suerte. No creaste tu cuerpo — ¿cómo te atreves a juzgarlo? Y sin embargo lo haces. Lo hacemos todos. Casi todo el sufrimiento humano nace en esa distancia entre lo que tu mente exige y lo que la realidad hace. No te lo digo para deprimirte: te lo digo para liberarte. Cuando ves de dónde viene el sufrimiento, puedes empezar a hacer algo con él.

El antídoto tiene nombre hebreo: anavá, humildad. Y antes de que arrugues la nariz, desarmemos la caricatura: la humildad no es sentirte una miserable criatura ni dejar que te pasen por encima. Eso es humillación, no humildad. La definición más honesta que conozco es la del maestro Alan Morinis: humildad es ocupar exactamente el espacio que te corresponde — ni más, aplastando a otros; ni menos, desapareciendo. La persona con verdadera autoestima es profundamente humilde, porque no necesita demostrarle nada a nadie.

Y cuidado con el disfraz más fino del ego: la falsa humildad. El que repite ‘soy un desastre, todo me sale mal’ no está siendo humilde — está pescando elogios. Ego disfrazado de virtud. Y el ego disfrazado de virtud es más peligroso que el ego a cara descubierta, porque al menos el segundo es honesto. Ya lo dijo el maestro jasídico Dov Ber con cinco palabras que dan escalofríos: el yo es un ladrón escondido.

¿El enojo? Es la humildad fallando en tiempo real. Cada enojo es tu mente gritando ‘esto no debería estar pasando’ — es decir, reclamando la gerencia del universo, puesto que sigue sin estar vacante. El filósofo Bajia Ibn Pakuda escribió hace mil años que todas las virtudes dependen de la humildad: es el punto de partida de todo. Sin anavá no hay paciencia, ni gratitud, ni nada. Por eso es el capítulo 1 del libro y el cimiento del alma. Empieza por ahí: esta semana, cada vez que algo te moleste, prueba preguntarte en silencio — ¿quién decidió que esto no debía pasar? Spoiler: fuiste tú.

RECUERDA

Tu mente cree que es Dios. Casi todo tu sufrimiento nace de esa confusión — y verla ya es empezar a salir.

PARA PROFUNDIZAR

LIBROcapítulo 1 de Conquista y Ríndete, ‘Cómo sufrir y enojarse menos’
PODCASTepisodio del podcast ‘Ojalá todos fueran profetas: cómo lidiar con el narcisista’
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