No. Y esta respuesta sorprende a mucha gente, así que vale la pena explicarla bien.
El judaísmo no funciona como las religiones que conoces de la cultura occidental. No hay un examen de fe en la puerta de entrada. Ser judío es pertenecer a un pueblo con una historia, una práctica y una conversación de tres mil años — y en esa conversación siempre hubo lugar para los que dudan. El nombre Israel significa literalmente «el que lucha con Dios». Fíjate: no «el que obedece a Dios» ni «el que cree sin preguntar». El que lucha.
En nuestras comunidades hay personas con una fe profunda y serena, personas que dudan todos los días, y personas que directamente no creen — y todas rezan juntas, celebran juntas y se acompañan en los duelos. Porque en el judaísmo la pregunta central nunca fue «¿qué crees?» sino «¿qué haces y con quién caminas?».
Ahora, una cosa es que no haya examen de fe, y otra es que la pregunta por Dios no importe. Importa muchísimo. Es probablemente la pregunta más interesante que un ser humano puede hacerse, y la tradición judía lleva milenios pensándola con una riqueza que casi nadie conoce: el Dios sin imagen de Maimónides, el Dios como «nada» (Ayin) de los místicos, el Dios que se descubre en el encuentro con el otro de Buber. Si el único Dios que rechazaste es el señor con barba que te dibujaron de niño, te tengo noticias: los rabinos tampoco creemos en ese.
Así que la respuesta completa es: no necesitas creer para pertenecer. Pero si te quedas, la conversación sobre Dios te va a volar la cabeza.
Para profundizar
- Artículo: El Dios de Maimónides
- Artículo: Ayin: el concepto de Dios como nada en el misticismo judío
- Artículo: Esto es lo que creo
- Video: «¡Conoce al verdadero D-os!» en Judaísmo Picante
- Podcast: Rab Diego Edelberg en Spotify
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