BANCO DE RESPUESTAS · TRADICIÓN Y PRÁCTICA
Sí — y según la posición masortí, no solo puede sino que debe si con eso salva una vida. El principio de pikuaj néfesh (salvar una vida) es el valor halájico más alto y anula prácticamente cualquier otra consideración.
Este es un tema donde la posición masortí y la ortodoxa divergen significativamente — y donde la posición masortí es, en nuestra lectura, la más fiel al espíritu de la halajá.
El debate gira alrededor de una pregunta: ¿cuándo muere una persona según la halajá? Para donar órganos vitales (corazón, hígado, pulmones), la donación tiene que ocurrir cuando el corazón aún late pero el cerebro ha cesado toda actividad — lo que la medicina llama «muerte cerebral». La ortodoxia mayoritaria históricamente rechazó este criterio. La posición masortí (y la del Gran Rabinato de Israel) es que la muerte cerebral es un criterio halájicamente válido. La fuente talmúdica es Yomá 85a: si no hay respiración, la persona es considerada muerta.
Pero hay algo más profundo que el debate técnico: el principio de pikuaj néfesh. El Talmud (Sanhedrín 37a) dice: «Quien salva una vida, es como si salvara un mundo entero». Si una persona muerta puede salvar cinco o seis vidas donando sus órganos, ¿cómo justificarías no hacerlo?
La tradición judía sí tiene un profundo respeto por el cuerpo después de la muerte (kevod hamet). No se profana el cuerpo innecesariamente. Pero los mismos poskim que establecieron estas reglas también establecieron que pikuaj néfesh las anula. El respeto por el muerto no puede pesar más que la vida del vivo.
Una nota práctica: si este tema te importa, firma una tarjeta de donante y habla con tu familia. La halajá está de tu lado — y puede haber alguien esperando exactamente lo que tú puedes dar.