¿Se puede ser judío y ateo?

BANCO DE RESPUESTAS · JUDAÍSMO PICANTE

LA RESPUESTA CORTA

Sí. Y no como concesión de mal humor, sino con todas las letras: el judío ateo es judío completo — halájicamente, comunitariamente, históricamente.

Sí. Y no como concesión de mal humor, sino con todas las letras: el judío ateo es judío completo — halájicamente, comunitariamente, históricamente. Si esta respuesta te parece obvia, saltéala; pero la escribo porque recibo la pregunta todas las semanas, casi siempre de dos remitentes: el judío alejado que cree que ‘perdió el derecho’, y el no judío que no entiende cómo funciona una religión donde se puede no creer. La confusión de ambos es la misma, y ya la desarmamos en la respuesta 23: el judaísmo no es (solo) una religión — es un pueblo con una religión adentro. Del pueblo no se sale por dejar de creer, como no se deja de ser hijo por pelearse con la familia.

Pero esta respuesta picante quiere ir más lejos que la 23, así que agreguemos lo que allá no dijimos: el ateísmo judío no es un accidente moderno — es casi un género literario nacional. El pueblo que escribió Job y Kohélet (‘vanidad de vanidades’) incubó también a Spinoza — el primer gran hereje moderno, excomulgado por Ámsterdam y reivindicado por la posteridad judía como uno de los nuestros —, a Freud, a Einstein con su Dios spinoziano, al bundismo secular, al sionismo mayormente laico que fundó un estado, y al humor judío entero, que es teología negativa con mejores tiempos cómicos. Hay una broma que lo resume: el judío ateo le grita a Dios que no existe. La broma es exacta: nuestro ateísmo discute CON Dios, no lo ignora — está adentro de la conversación milenaria, no afuera. El indiferente está afuera; el ateo apasionado está sentado a la mesa, golpeándola. Y la mesa lo reconoce: respuesta 31, el que pelea se llama Israel.

Ahora, el párrafo que me toca como rabino, y que escribo con una sonrisa: querido ateo judío — tu lugar está garantizado, tu kadish vale, tu asiento en mi mesa de Shabat te espera. Solo te dejo dos provocaciones amistosas, de las que se dejan en la puerta sin obligación de compra. Una: verifica que el Dios que rechazas no sea el señor de la barba (respuesta 24) — me ha pasado decenas de veces que un ‘ateo’ me describe su no-creencia y resulta que coincide casi punto por punto con lo que Maimónides o los místicos del Ayin afirmaban; sería una pena militar toda la vida contra un dibujo que nosotros tampoco defendemos. Dos: el judaísmo te pide poco credo pero te ofrece mucha práctica — y la práctica (el Shabat, el Musar, la comunidad, el ciclo del año) funciona con asombrosa independencia de la metafísica: conozco ateos con vidas judías más ricas que muchos creyentes de catecismo. La puerta de la práctica no pide certificado de fe en la entrada. Nunca lo pidió.

¿Y el límite? Existe uno, y conviene decirlo para que la generosidad no parezca papilla: se puede ser judío y ateo; lo que no se puede es ser judío y OTRA religión — el judío converso a otra fe sigue siendo halájicamente judío (del pacto no hay salida, respuesta 56), pero la tradición lo considera en otra categoría: no por creer de menos, sino por jurar lealtad a otro pacto. Fíjate la asimetría, porque es elocuente y cierra esta respuesta donde empezó: en esta casa, la falta de fe es un asunto interno de la familia — la mesa sigue puesta, la silla sigue tuya, y la discusión, si quieres darla, es a la luz de las velas del viernes. Trae el escepticismo. Es kasher.

PARA PROFUNDIZAR

DEL BANCOrespuestas 23, 24 y 31 de este Banco
LECTURAartículo ‘La muerte de Dios: cómo responderle a un ateo‘
LECTURAartículo ‘El desafío de Baruj Spinoza
PODCASTepisodio del podcast sobre fe y duda.
¿Tienes tu propia pregunta? Respondo una por semana.Suscribirme gratis

← Volver al Banco de Respuestas  ·  Beit Midrash