¿Qué dice el judaísmo sobre la eutanasia y el final de la vida?

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LA RESPUESTA CORTA

El judaísmo prohíbe acortar activamente la vida (eutanasia activa), pero permite — y en ciertos casos exige — no prolongar artificialmente la agonía. La distinción es sutil pero crucial: no tienes que agregar sufrimiento, pero tampoco puedes quitar vida.

Este es uno de los temas donde la halajá demuestra una sofisticación ética que la bioética secular tardó siglos en alcanzar. La tradición judía distingue entre dos cosas que mucha gente confunde: matar (asur — prohibido siempre) y dejar morir cuando la muerte es inminente e inevitable (mutar — permitido en ciertas condiciones).

La fuente más citada es el Talmud (Avodá Zará 18a), que cuenta la muerte del Rabí Janina ben Teradión. Los romanos lo quemaron vivo envuelto en un rollo de Torá con esponjas mojadas sobre el pecho para prolongar su agonía. Sus alumnos le dijeron: «¡Abre la boca para que entre el fuego!» Él respondió: «Es mejor que me quite la vida Quien me la dio». Pero cuando el verdugo le ofreció quitar las esponjas (que prolongaban artificialmente la agonía), Rabí Janina aceptó. Quitarse la vida: prohibido. Quitar lo que prolonga la agonía artificialmente: permitido.

El Shulján Aruj (Yoré Deá 339:1) prohíbe mover al goses (la persona en agonía final) porque cualquier acción podría acortar su vida. Pero el Ramá agrega: si hay algo que impide la partida del alma — como un ruido constante cerca del enfermo — se puede quitar ese impedimento.

¿Qué significa esto en un hospital moderno? Las teshuvot masortíes (especialmente las del Rabino Elliot Dorff para el CJLS) permiten retirar o no iniciar tratamientos que solo prolongan la agonía sin esperanza de recuperación: respiradores artificiales, alimentación intravenosa en pacientes terminales, reanimación cuando la muerte es inminente. Esto no es eutanasia — es permitir que el proceso natural siga su curso.

El principio rector es doble: kdushat hajaim (la santidad de la vida) exige que no acortemos la vida activamente. Pero también exige que no convirtamos la vida en tortura. «Vajai bahem» — «vivirán por ellos [los mandamientos]» (Vayikrá 18:5): vivir, no sufrir innecesariamente. Los cuidados paliativos, el acompañamiento, la presencia — eso sí es obligación. El Talmud dice que quien visita al enfermo «le quita un sesenta de su sufrimiento» (Nedarim 39b).

Para profundizar

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