BANCO DE RESPUESTAS · IDEOLOGÍA MASORTÍ
Por una teshuvá de emergencia de 1950, pensada para los suburbios de EE.UU. — y discutida dentro del propio movimiento. ¿La electricidad? No es fuego: lo que importa es qué hace el aparato. El ascensor está permitido.
Empecemos por la historia real, porque se cuenta mucho y mal. En 1950, tres rabinos del movimiento conservador en Estados Unidos escribieron una teshuvá que permitía manejar en Shabat con un único propósito: llegar a la sinagoga. El contexto lo explica todo: la posguerra había mudado a los judíos americanos a suburbios donde nadie vivía a distancia caminable del templo. La disyuntiva era brutal: o flexibilizar el viaje, o comunidades enteras sin Shabat comunitario. Eligieron lo primero, como medida de emergencia para una realidad concreta.
Y ahora la honestidad completa, porque este sitio no esconde los debates internos: esa teshuvá fue y sigue siendo discutida dentro del propio movimiento. El Vaad Halajá de Israel, con David Golinkin a la cabeza, dictaminó lo contrario: en Israel no se permite manejar en Shabat, y el ideal sigue siendo vivir cerca de tu comunidad. Muchas comunidades masortíes fuera de Estados Unidos tampoco adoptaron el permiso. Aquí ves el sistema masortí en acción: posiciones distintas, argumentadas, conviviendo — y cada comunidad siguiendo a su mará de-atrá. El judaísmo masortí no es igual en todas partes, y nunca pretendió serlo.
La electricidad merece su propio párrafo, porque es uno de los grandes mitos modernos. Mucha gente cree que ‘la electricidad está prohibida en Shabat porque es fuego’. Halájicamente, eso es muy débil: la corriente eléctrica no es combustión. Un cable no se quema, un circuito no consume materia. La teshuvá masortí moderna sobre el tema (Daniel Nevins, CJLS, 2012) lo analiza a fondo y concluye: la electricidad en sí no es una melajá (trabajo prohibido). Lo que importa es qué hace el aparato. ¿Cocina? Cocinar está prohibido en Shabat, con o sin electricidad. ¿Escribe o graba? Lo mismo. ¿Pero un ascensor, abrir la heladera, un audífono, una silla de ruedas eléctrica? No hay melajá ahí.
Por eso, cuando me preguntan ‘¿puedo usar el ascensor en Shabat?’ —y me lo preguntan mucho— mi respuesta es: sí. Y la pregunta de vuelta es más interesante: ¿por qué te hicieron creer que no? Buena parte de las prohibiciones eléctricas ortodoxas modernas son construcciones del siglo XX, edificadas sobre analogías frágiles que los propios decisores ortodoxos reconocen como problemáticas — por eso terminan apoyándose en ‘el espíritu de Shabat’ o en la costumbre, que son argumentos respetables pero distintos de ‘está prohibido por la Torá’.
Lo que sí te pido que no pierdas de vista es el otro lado, porque el Shabat no es una lista de permisos sino una experiencia: si pasas el sábado contestando correos desde el teléfono ‘porque la electricidad está permitida’, ganaste el debate halájico y perdiste el Shabat. La pregunta masortí no es solo ‘¿qué puedo?’ sino ‘¿qué me hace bien guardar?’. Pantallas apagadas en Shabat no porque sean fuego — sino porque tu alma necesita un día sin ellas.