Espiritualidad y Religión en el judaísmo
Después de escribir tanto sobre la Redención Final en las últimas publicaciones (voy a seguir haciéndolo aún de todos modos) me dieron ganas de intercalar e iniciar una nueva serie de publicaciones breves con algún contenido sobre espiritualidad y religión dentro del judaísmo. Yo mismo necesito muchas veces balancear entre filosofía judía, historia y misticismo para no ahogarme demasiado en un solo tema.
Si bien ya he escrito una publicación con mi opinión sobre la espiritualidad en el judaísmo, sin dudas el concepto de “espiritualidad” ha llegado para quedarse y de alguna manera ha estado ahí desde siempre. La espiritualidad no va a pasar de moda. Realmente la necesitamos. Pero debemos siempre balancearla con lo que llamamos “religión organizada”.
En otras palabras, debemos cuidarnos de no ser solamente espirituales sino también religiosos porque alguien que es espiritual pero no religioso no se asocia ni se compromete con una comunidad ni se interesa por ser parte de la Comisión Directiva de una Institución religiosa. Alguien que es espiritual pero no religioso no siente que tiene que dar tzedaka. Alguien que es espiritual pero no religioso no siente que tiene que hacer mitzvot sino que le alcanza con sentirse de una cierta forma. Y esta realidad que esta creciendo cada día más -incluso entre los judíos- representa una fragmentación de nuestra comunidad y una forma totalmente errada de entender como funciona el mundo. Todo lo que hacemos afecta a la gente que nos rodea. No existe algo así como un ser humano cuyas acciones y creencias no se replican de alguna forma u otra en la vida de otras personas. Por eso no alcanza con solo ser espirituales sino que debemos también ser religiosos.
Pero después de condenar la búsqueda solamente espiritual también quiero celebrarla como algo en lo que debemos seriamente invertir nuestro tiempo. ¿Por dónde podemos buscar la espiritualidad judía? Debemos comenzar por tomar conciencia que las “grandes preguntas” no son fáciles de responder. Yo nunca he visto que luego de una clase sobre teología una persona diga “¡ahora sí creo en Dios!”. No funciona así. Tampoco conozco a nadie que haya podido responder y satisfacer a todo un auditorio sobre preguntas tan complejas cómo “¿por qué la gente buena sufre?” o “¿qué pasa cuando nos morimos?”.
Pero no tener las respuestas a todas las preguntas no debería detenernos en la búsqueda espiritual. Existen otras maneras de preguntarnos sobre los temas difíciles utilizando nuestra imaginación, nuestros temores y desafiando simultáneamente nuestros prejuicios. En esa búsqueda espiritual estas preguntas despiertan al alma en formas diferentes e inmensamente creativas. Justamente esa alma es en esencia el motor de la espiritualidad. La buena pregunta -aquella que viene del alma- representa media respuesta; sin la pregunta, no hay razón para una respuesta.
La búsqueda espiritual no está tras la respuesta, sino la forma en la que nos preguntamos. Una “mala” pregunta se responde con un monosílabo: si o no. Pero una buena pregunta nos deja meditando y justamente meditar, reflexionar o pensar es algo increíblemente maravilloso. No hay seres mejores que los niños para enseñarnos sobre todos estos temas. Ellos se sorprenden por aquellas cosas que la mayoría de nosotros ya no lo hacemos. Los niños confían en los adultos, son honestos, espontáneos, juegan con la vida y tienen esa hermosa inocencia que nos fascina porque al verla se nos refleja y nos recuerda que nosotros no somos más que la misma fibra y materia que ellos pero en un tamaño más grande.
Me asusta sentir que voy perdiendo ese niño que alguna vez fui. Me esfuerzo para sorprenderme cada día más. Y la fórmula que utilizo quiero compartirla con ustedes: ¡asómbrense y maravíllense todo el tiempo! Huelan qué fantástico es el simple olor del café a la mañana. Que importante es sonreír. Decir «gracias», «te amo». Simplemente mediten todos los días quién hizo el mundo, quiénes son ustedes, de dónde vienen, hacia dónde van, qué quieren dejar como huella en este mundo, qué quieren que la gente recuerde de ustedes cuando no estén más físicamente…y cuando estén ahogados en estas preguntas y un miedo los inunde porque otra vez no pueden responderlas solo siéntense en una plaza y respiren bien hondo porque si pueden hacerlo les tengo buenas noticias: ¡respiran! ¡están vivos y todavía hay mucho por hacer!