Don´t Worry, Be Jewish

Llega Rosh Hashaná. Y hay algo que, de una manera u otra, todos pedimos.

Cada uno lo expresa distinto. Algunos pedimos salud. Otros pedimos paz. Que nuestros seres queridos estén bien. Que se resuelva ese problema que llevamos meses cargando.

Si pudiéramos poner todos nuestros deseos en una sola palabra, encontraríamos una muy sencilla: queremos ser felices. Y no hay nada malo en desear eso. Al contrario. Es uno de los deseos más humanos que existen.

Pero esta mañana quiero proponerles una pregunta un poco extraña para arrancar el año.

¿Qué es más importante — ser feliz, o estar alegre?

En español distinguimos entre ser y estar — el ser es esencial, el estar es circunstancial. El lenguaje que hablamos crea la realidad del mundo que vivimos y decimos naturalmente: ser feliz y estar alegres. Asumimos así que la felicidad es independiente de las circunstancias y la alegría siempre depende de un momento.

Quisiera para el 5787 proponerles un cambio. Empezar a estar felices y ser alegres. Es decir, invertir estas ideas y decidir que la alegría no depende de algo particular sino que es nuestra esencia. 

Por supuesto que no estoy hablando de la sonrisa fácil, del «sean alegres y ya está todo bien». A quien le tocó perder a alguien este año, a quien atraviesa una enfermedad, a quien carga un dolor real — no le voy a pedir que sonría forzosamente y que intente ver unicornios y arcoiris por todos lados. La psicóloga Kelly McGonigal enseña en su libro sobre la alegría que no tenemos que esperar a que la vida sea más fácil para empezar a disfrutarla. Al contrario: necesitamos la alegría precisamente porque la vida puede ser difícil. Esos momentos de risa, de conexión, de propósito y de cercanía, nos dan razones para seguir adelante. Ya a esta altura me conocen lo suficiente como para saber que jamás diría que seamos alegres negando la realidad. Pero sí les voy a pedir algo mucho más profundo: una enseñanza judía que me acompañó estas últimas semanas.

En pirkei avot, uno de los textos más antiguos de nuestros Rabinos, leemos que Rabí Ishmael dice:

וֶהֱוֵי מְקַבֵּל אֶת כָּל הָאָדָם בְּשִׂמְחָה

Vehevei mekabel et kol haadam beSimjá.

«Recibe a todo ser humano con alegría.»

Rabí Ishmael no dice «siéntete alegre». No dice «sé feliz». Nos dice “recibe a todo ser humano con alegría”. Un maestro contemporáneo que comenta esta mishná propone una práctica sencilla: poner un emoji sonriente en la pantalla del celular. Para que cada vez que lo miremos — y sabemos cuántas veces miramos el teléfono — nos acordemos: recibe al otro con alegría.

Al principio la idea del emoji me pareció ridícula. Después pensé: quizás por eso puede funcionar. Porque las cosas que transforman nuestra vida no empiezan con grandes decisiones. Empiezan con pequeños recordatorios o cosas que pensamos son ridículas.

Y esa idea me quedó dando vueltas. No puse el emoji…hasta que leí Parashat Ki Tavo, casi el final de la Torá en este año..

En Parashat Ki Tavo aparece una de las páginas más duras de la Torá — las maldiciones por transgedir el pacto con Dios. Y en medio de todas aparece un versículo sorprendente. Devarim 28:47:

«Por no haber servido a tu Dios con alegría y con buen corazón, a pesar de la abundancia de todas las cosas.»

La tragedia nacional no viene por no cumplir. No viene por rebelarse. Viene por no servir con alegría a pesar de la abundancia de todas las cosas.

Podemos tener un lugar donde dormir, familia, trabajo, comida, viajes — abundancia — y no tener simjá. Podemos tener muchísimo y sentir que nos falta todo. Podemos alcanzar aquello que durante años queríamos o imaginábamos y ahora lo estamos viviendo y descubrir que seguimos esperando algo más para finalmente sentir alegría. ¿Por qué no podemos ser alegres con tantas cosas que tenemos? 

Porque en lugar de ser alegres queremos ser felices. Y el problema es que la felicidad tiene que ver con cómo evaluamos nuestra vida — si nos fue bien, si lo logramos, si está funcionando. Es una evaluación. La felicidad es una forma distante e individualista de evaluar si la vida es cómo pensamos que debería ser.

Pero la simjá nos invita a vivir de manera diferente. Nos invita al aquí y ahora de la vida y no la distancia contemplativa de cómo nos está yendo o nos ha ido. La alegría nos dice continuamente cómo estamos entrando en relación con la vida misma en este mismo momento. Con quién estamos compartiendo. A quién estamos recibiendo. Es la forma de ser agradecidos continuamente.

La felicidad es un estado que esperamos alcanzar. La simjá es algo que acontece todo el tiempo y que podemos aprender a abrirnos a reconocer, provocar y practicar.

Y por eso nuevamente les propongo dar vuelta al idioma para vivir diferente. Este año queremos SER alegres y ESTAR felices. Porque la felicidad es un momento. La alegría es una decisión de vida. Y esto ya está en la Torá. La palabra “osher”, felicidad aparece una sola vez en todo el Tanaj. ¡Simja aparece más de 90 veces y mas de 20 veces es comandada como mitzva! 

Quiero ser claro: la simjá, la alegría, no significa estar felices todo el tiempo. Pero puede prepararnos para reconocer, recibir y compartir la felicidad cuando aparece.

Por eso quiero que este 5787 sea un año de simjá. No un año donde todo salga bien — no tenemos esa garantía. Un año donde aprendamos a recibir la vida con alegría.

Como enseñó Rabi Ishmael, a recibir al otro con alegría. A recibir un momento de alegría cuando aparece. A recibir una comida compartida. A recibir el Shabat. A recibir la vida — incluso cuando la vida no sea exactamente como la imaginamos.

Quiero aclarar algo muy importante que nos va a ayudar a ser más alegres. Es la forma más simple, más efectiva y en la modernidad a veces es la forma menos practicada para ser más alegres. Maimonides en Hiljot Iom Tov enseña: «Quien cierra las puertas de su casa y come sin dar al pobre, al huérfano y a la viuda — no es simjá de mitzvá, sino simjá de su barriga.»

Simjá de barriga o simjá de mitzvá. La distinción no la hace la intensidad de la alegría, sino su forma. La simjá judía es la que abre puertas. La que se cierra sobre sí misma no es simjá — es solo digestión. ¿Queremos ser más alegres? Compartamos más la vida. Con nuestros amigos, con nuestra familia y en especial con nuestra comunidad. Con grupos de estudio, con experiencias como las que vivimos todo el año aquí en Bet El en cualquiera de los espacios que ofrecemos y que pueden sumarse. No les puedo explicar cómo cambia la vida. Tienen que venir, compartir y verán que serán más alegres.

Terminando Iom Kipur hay una fiesta que enseña esto mejor que ninguna otra: Sucot. Nuestra tradición la llama zman simjateinu, el tiempo de nuestra alegría.

Y es extraño. Porque si uno quisiera diseñar la fiesta de la alegría, no elegiría una sucá. Una casa frágil. Un techo por el que se ve la luz. Una estructura que nos recuerda que no controlamos lo que pasa afuera.

Pero justo ahí la tradición nos dice: zman simjateinu.

Porque quizá Sucot nos enseña algo que necesitamos recordarle a nuestro escepticismo que no tolera ser alegre: no existe un año sin viento. La pregunta no es si este año será frágil — lo va a ser. La pregunta es cómo vamos a habitar esa fragilidad.

La simjá no niega la fragilidad. La habita.

Un poco de techo y buena compañía son más que suficientes para la alegría. Eso enseña Sucot.

Y para que esto no nos quede solo como las palabras del rabino, vamos a convertirlo en algo concreto.

Cuando llegue Sucot, todos los que vengan recibirán un regalo que gentilmente un miembro de nuestra comunidad ha donado. No es una sorpresa así que voy a decirles qué es: un pequeño imán. Un iman que tiene un emoji sonriente con una frase que leí en Yerushalayim hace algunos años: «Don’t worry, be Jewish», y el imán tiene nuestro logo de Bet El. Y para los que vivimos con el celular en la mano, se los vamos a mandar por WhatsApp para que lo pongan también de wallpaper.

Pónganlo en el refrigerador. Pónganlo en el teléfono celular.

Porque una vida de simjá no se construye con grandes decisiones. Se construye con pequeños momentos.

Don’t worry, be Jewish. Hoy creo que entiendo esa frase de una manera diferente. No significa «no te preocupes porque todo va a salir bien» — no tenemos esa garantía. Significa algo mucho más judío:

No tienes que atravesar tus preocupaciones solo.

Ser judío significa pertenecer. Significa tener una comunidad. Significa que cuando la vida se vuelve frágil, hay alguien que se sienta contigo dentro de la sucá. Alguien que te recibe. Y cuando hay algo para festejar la comunidad va a bailar y celebrar la vida contigo.

Al fin de cuentas, la simjá, la alegría, nos rescata de la soledad.

La soledad dice: «lo que me pasa me pasa solamente a mí». La comunidad responde: «no. Estamos contigo.»

Llega un nuevo año. Ojalá nos traiga muchos momentos en los que podamos decir «estoy bien».

Pero pase lo que pase, podemos decidir cómo recibirlo. Podemos aprender a vivir con más simjá. Una simjá que no niegue el dolor. Una simjá que abra las puertas. Una simjá que nos rescate de la soledad.

Que sepamos recibir a cada persona con alegría. Que sepamos sentarnos juntos cuando sople el viento. Y que, pase lo que pase, nunca olvidemos que no estamos solos.

Don’t worry, be Jewish.

Porque nos parece gracioso y simpático pero en el fondo «Don’t worry, be Jewish» no es un chiste.

Don’t worry, be Jewish significa celebrar la vida.

Significa sentarse a una mesa con otros y bendecir el pan.
Significa levantarse cada mañana y decir modé aní — gracias.
Significa cantar cuando todo pesa, y estudiar cuando no entendemos.
Significa saber que nunca estamos solos — porque hay una comunidad que se sienta con nosotros dentro de la sucá de la vida.

Don’t worry, be Jewish. Ser judío significa ser agradecidos. Y significa ser alegres.

No te preocupes. Sé judío. Y eso — eso es más que suficiente.

Shaná Tová umetuká

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