Creación, Revelación y Redención: el mito del eterno retorno en el judaísmo

 

Habiendo dedicado las últimas publicaciones a explorar la Creación y la Revelación de Dios -y encontrándonos ya nuevamente “liberados” luego de un nuevo Pesaj- debemos ahora explorar la Redención o Salvación de Dios.

Esta tríada de Creación, Revelación y Redención representa la manifestación cíclica que los judíos hemos construido y entendido en nuestra relación con Dios, la historia y la existencia misma. Incluso la estructura de nuestra liturgia gira en torno a esta temática puesto que el Shema Israel que leemos dos veces todos días y articula la declaración de fe más importante del pueblo judío (que en esencia el judaísmo es un monoteísmo) es antecedido justamente por una bendición que celebra a Dios como el Creador, luego como el Revelador de la Tora y finalmente como el Redentor o Salvador. Así Dios debe ser alabado diariamente por estos tres momentos en los que según nuestra propia percepción Dios se relaciona con nosotros en tres modos diferentes que hacen una completa unidad. Los tres momentos de Creación, Revelación y Redención representan una suerte de “mito eterno” que debemos revivir constantemente en nuestra cotidianidad puesto que según nuestras plegarias todos los días Dios vuelve a Crear el mundo, Revelar su Tora y Redimirnos. Anualmente y a través del ciclo del calendario en Rosh Hashana (Creación), Pesaj (Redención) y Shavuot (Revelación) la misma sensación eterna vuelve a experimentarse en forma grupal.

Es muy importante aclarar mi utilización de las palabras “mito eterno”. Las tres plegarias que celebran la Creación, Revelación y Redención de Dios forman parte del ritual que nos permite experimentar la realidad de la imagen mítica de Dios. Un mito no es una mentira. Tampoco es una explicación imperfecta, primitiva o errada. Un mito es una relación simbólica con la verdad. Todos los mitos son verdaderos porque su relato no es históricamente certero o real sino imaginario. Entendidos tal cual son (relatos imaginarios, poéticos o metafóricos) no intentan demostrar un hecho sino ofrecer “sentido”. Y en ese sentido nadie puede negar que son verdad. Por eso cuando recitamos y revivimos estos tres momentos de Creación, Revelación y Redención una y otra vez en nuestras plegarias y vidas no importa cuán históricamente precisos estamos siendo sino que lo que realmente importa es lo que estamos sintiendo cuando estamos diciéndolos o haciéndolos. Esta es la verdadera justificación del por qué seguimos necesitando el ritual en nuestras vidas. La recreación mítica que llevamos a cabo en forma práctica (eso que llamamos ritual) sigue teniendo tanto sentido hoy como ayer.

Solo piensen que en la noche del Seder de Pesaj el hijo malvado de los cuatro que leemos en la Hagada (literalmente “relato”) es aquel que se separa de la narración y de alguna manera deja de “comerse” la historia junto a las hierbas amargas que recrean la sensación mitológica que repetimos todos los años esperando una nueva salvación como fue la salvación de la esclavitud en Egipto. El “malvado” es el que ve la historia judía “desde afuera” como si estuviera disecándola en un laboratorio. Curiosamente los Rabinos al escribir la Hagadá de Pesaj ya eran conscientes que ellos mismos -al igual que nosotros hoy- tampoco podían sentir en carne propia lo que es ser realmente y literalmente un esclavo de un faraón egipcio. Así los Rabinos se dieron cuenta que todos somos potenciales “hijos malvados” ya que todos podemos ver esta historia como la que le aconteció a los “antiguos hebreos en la Biblia” en lugar de verla como “la historia de mi familia”. Pero la genialidad rabínica fue la recreación mitológica del Primer Pesaj Bíblico a través de la realización de ciertas acciones que con el paso del tiempo generaron nuevas costumbres basadas en la propia interpretación rabínica de lo que el evento de la Redención o Salvación había significado para los “verdaderos” hebreos que habían sido liberados. El Seder de Pesaj es el mejor ejemplo de lo que podríamos llamar “creación instantánea de tradición”. El Seder de Pesaj es en realidad una larga clase rabínica sobre el sentido de la Redención o Salvación según la tradición judía. Es incluso una clase para aprender cómo hacer una relectura de la Biblia misma. Por eso para no ser “malvados” se nos enseña que en Pesaj cada uno de nosotros debemos sentir que estamos siendo literalmente liberados.

Por supuesto que cuando nos dicen que debemos sentir que estamos siendo literalmente liberados es tan ridículo como que nos dijeran que sintamos ahora que literalmente estamos siendo esclavizados. Mientras estemos sentados comiendo plácidamente, tomando 4 copas de vino y reclinándonos del modo que los romanos lo hacían cuando se acostaban a comer, pueden decirnos que debemos sentirnos de cualquier forma puesto que todos sabemos que esa sensación en el fondo jamás será literal sino imaginaria o metafórica. Pero nuevamente, cuando nos decimos que “debemos sentir que estamos siendo liberados” estamos desactivando nuestras mentes racionales o lógicas y activando nuestro lenguaje e imaginación partiendo hacia el reino de lo mítico, lo imaginario y lo poético. Al compartir el Seder de Pesaj o revivir todos los días la Creación, la Revelación y la Redención de Dios o incluso al leer la Biblia misma estamos funcionando en forma imaginativa o metafórica pero no literal ni científica. Estamos reviviendo un “mito” que por ser tal no es mentira sino una narración que nos ofrece sentido, identidad y pertenencia. Estamos relacionándonos con un relato tradicional que tiene una referencia parcial o secundaria de algo que tiene importancia colectiva para nosotros.

Así podemos finalmente comenzar a estudiar el último elemento de la tríada: la Redención. La palabra “Redención” o “redimir” alude a “salvar” o “rescatar”. Según nuestra tradición Dios no solo ha salvado a nuestro pueblo de la esclavitud egipcia una vez sino que volverá a hacerlo al final del período que nosotros llamamos historia y que se encuentra entre medio de la Creación y esta Redención final que tanto anhelamos. Los judíos rezamos todos los días y pedimos a Dios que nos salve y nos libere como hizo con nuestros antepasados en Egipto. Pero, ¿de qué debería exactamente Dios salvarnos o liberarnos? Les dejo esta interrogante antes de darles algunas respuestas posibles en la próxima publicación. Me encantaría escuchar sus opiniones al respecto.

Nuevamente, le rezamos a Dios todos los días pidiendo que nos Salve y nos Redima pero ¿de qué debería exactamente Dios salvarnos?

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4 comentarios

  1. ¿De qué podríamos ser redimidos o salvados?
    Hay más de 200 formas de salvación en Las Escrituras. Salvación del miedo, de la angustia, de los enemigos, de los asaltantes, de los peligros, de las catástrofes naturales, de las pestes… pero sobre todo de nosotros mismos, de nuestra condenación tan solo por ser de la raza de Adán.
    Cuando Adán cayó en pecado, él y su esposa se vieron desnudos ¿Qué vestimenta tenían? Estaban cubiertos con la gloria de Dios y por eso no sentían vergüenza; se escondieron de Dios (como si eso fuese posible) Dios llama: «Adán ¿Dónde estás?» se habían hecho un delantal de hojas de higuera para esconder su desnudez. ¿Qué hizo Dios?
    mató un animal inocente y con la piel del animal cubrió la desnudez de ambos. ¿Qué significa este relato? Que Dios transfirió la culpa de Adán y Eva al animal, y la inocencia del animal le fue transferida a Adán y Eva. Esta es la primera lección de Redención mencionada en las Escrituras. La segunda es semejante; la tenemos en Abel y Caín.
    Adán debió comunicar a sus hijos aquello que Dios determinó que fuese la forma correcta de acercarse a Dios: «Sin derramamiento de sangre, no hay remisión de pecados» Caín se presentó a Dios ofreciéndole hortalizas y Abel un animal. A Dios le agradó la ofrenda de Abel y no la de Caín ¿Por qué? Porque Abel hizo caso de la forma que Dios había establecido como camino de expiación de las culpas y Caín hizo caso omiso presentando sus productos que había logrado con el sudor de su frente, pensando que podría agradar a Dios con sus habilidades, con sus recursos; pasando por alto que nada que el hombre pueda hacer por sí mismo para reconciliarse con Dios tiene valor, pues el vestido de hojas que Adán fabricó, no le sirvieron para tapar su desnudez, como tampoco sirve el esfuerzo de la torre de Babel para lograr encontrarse con Dios, pues el camino para eso está decretado por la manera que Dios estableció: Un inocente paga por los culpables. Eso está representado en el sistema sacrificial del culto judío, revelado a Moisés en la Tora, de una manera ceremonial ritualista, simbólica, y llevado a la perfección en la cruz de Cristo… «El justo por los injustos para llevarnos a Dios» El Mesías pagó el alto precio por nuestro rescate, El es nuestro pariente Redentor.

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